El plástico tinerfeño Santiago Palenzuela (Santa Cruz de Tenerife , 1967 ) reconocido como uno de los artistas de mayor proyección de su generación, expone "De alquiler en alquiler", un conjunto de piezas que componen una trama geométrica en papel pintado con aspiraciones psicodélicas, en tonos ocres y amarillos de los años 70, vestigio de los anteriores inquilinos que habitaron en las múltiples residencias del autor. Además de la pintura sobre papel, Palenzuela utiliza objetos, esculturas pintadas e incluso fotografías que recrean, desde una realidad múltiple los espacios en los que ha vivido el autor, desde el punto de vista de lo cotidiano, retratado no sólo espacios y vacíos, sino el retrato del gesto. Después está la pintura, potente y matérica. La pintura densa de Santiago Palenzuela ha tendido desde hace años a concentrarse en el interior de los espacios vividos: una manera como otra de mirar hacia dentro, de extraer relatos y sensaciones de lo más inmediato. La muestra permanecerá abierta al público hasta el 28 de junio
Cabrera Pinto. La Laguna
Fuente: WebTenerife
Santiago Palenzuela o la risa bárbara de la pintura
por Andrés Isaac Santana
[Fragmento del texto del catálogo de la exposición]
Me fascinan los montajes que se tejen y se acoplan entre la vida y la obra de un artista. Esos que se producen cuando el sujeto rara vez puede disimular su marcas, sus ademanes, sus instintos compulsivos; cuando le resulta imposible distanciarse desde la mascarada y entonces todo lo que es (y lo que no es) queda en evidencia. Santiago Palenzuela es de esos artistas a los que resulta imposible no prestar atención, ya sea por exceso o por la irracionalidad de un verbo que se traduce en chistes a veces imposibles de seguir según la norma de comprensión más común entre los mortales. Anárquico, ruidoso, enfático y a ratos con una dosis de prepotencia alegre, se presenta ante uno sin en el menor pudor o culpabilidad patológica.
Él es así, y su pintura, por fuerza mayor de las conexiones y de las cópulas, no es sino un correlato maravilloso de ese mundo personal altisonante y estridente. Palenzuela es un personaje; su pintura, por tanto, es el escenario de actuación donde se cuece un ajiaco de múltiples procedencias e inspiraciones, de rebuscadas asociaciones entre espacio y soporte, entre superficie y trasfondo especular del hecho pictórico en sí. Sujeto y obra quedan conectados por esa cuerda de la insinuación, y también de la indiscreción, en la que ambas parcelas se revelan, a su vez, como un inequívoco sello de identidad.
Su pintura no se centra en la operatoria al uso en las prácticas extendidas de lo pictórico;l a suya es casi una forma única de entenderl a pintura como un acontecer borgiano de accidentes que, por otra parte, y negando la propia naturaleza del accidente en un rabioso acto de dialéctica dialógica, no se abandona al azar. Hay en ella mucho de arbitrariedad, de tensión y de caos -contenidos siempre-, en el perímetro insinuante de un soporte que hace la suerte de sarcófago de la racionalidad, al mismo tiempo que ensaya en el canto los mejores boleros de la emoción y el desvarío.
La pasión y la experiencia parecieran ser dos órdenes de actuación de su pintura, dos áreas en las que se orquesta el resultado último de una gestualidad enfática sujeta a la acumulación y a la sumatoria en una estética más del acontecimiento que de la representación.Éste teje profundos palimpsestos transitivos, que equívocamente -por idiotez y anorexia especulativa de la peor- pudiéramos interpretar tan solo como ejercicios de adición y de yuxtaposición de manchas; cuando en verdad la envergadura de ese palimpsesto se abre al ámbito de lo psicológico y de lo existencial, en tanto actúan como superficies especulares que devuelven una realidad otra, en ocasiones alejada de esa mirada complaciente que todos buscan y en la que se estrangula la capacidad del arte para desmontar axiomas de la identidad y rebajar los egos primaverales.
La dimensión antropológica de su obra queda refrendada por el principio mismo de que el hecho pictórico se alimenta de la experiencia visceral y cotidiana y no así, como ocurre tan a menudo, de conceptos dispuestos de antemano al instante de la creación. Su pintura no ilustra, en su lugar, desmonta, tuerce, disloca, hurga en la parte de atrás de esas plataformas resarcidas por la rancia teoría estética o el discurso historicista convaleciente. En este sentido, aunque sí en otros opuestos a este, él no es un penetrado, sino más bien un agente penetrante, una fuerza falocéntrica activa que atraviesa la realidad de la pintura y de sus concepciones al uso, para burlarse -de un modo bárbaro, si se quiera- de todas aquellas perspectivas reaccionarias y excluyentes.
Creo que a Palenzuela le interesa, y mucho, la captura de instantes de sensibilidad plena, esa que rentabiliza a nivel de superficie, que la mecánica cansina del entendimiento retórico sujeto a la aprobación de los demás. Cierta altivez en él ha de ser leída como un posicionamiento ideológico vehemente, en lugar de cómo intento sutil y escamoteado de superioridad. De ahí que la mirada en su pintura sea de inclinación horizontal frente al verticalismo pobre de unos pocos que encuentran en el hombro el único ángulo desde el que proyectarse e intentar conconvencer al Otro.
*****
Santiago Palenzuela ha realizado numerosas exposiciones colectivas, y su obra se encuentra en las colecciones de TEA, CAAM y Centro Juan Ismael, organismos oficiales y colecciones particulares. Actualmente vive y trabaja en Madrid.
Ver Exposiciones individuales (selección)







0 comentarios:
Publicar un comentario en la entrada