Muñecas KokeshiRealizada con un cilindro de madera y una cabeza redonda que encaja en el cilindro, al girar la cabeza, produce un sonido que se compara con el llanto de una niña. El cuerpo va decorado con motivos florales. Existe gran variedad, pero todas tienen rasgos comunes, como el carecer de brazos y piernas. Hoy en día son piezas de coleccionista, aunque muchas familias japonesas continúan regalándoselas a sus hijas para que conozcan su pasado y la delicadeza de su construcción. Surgieron y fueron muy famosas en el periodo Edo (1603-1867). Actualmente sólo se fabrican con técnicas tradicionales heredadas de generación en generación en la región de Tohoku. En la sociedad japonesa antigua, las muñecas tenían significado ritual y fueron pensadas para tener alma. Fuente: Utopía
Haiku
Mujeres sin hijos
Mujeres sin hijos
Son tiernas
Con las muñecas
Como se sabe, el Kabuki y el Bunraku son artes hermanas. Las dos nacieron y fueron desarrolladas por la gente común, particularmente por los citadinos del período Edo y por tanto tienen un número de características en común.
En el artículo El Teatro Japonés durante el Periodo Tokugawa se ha hablado sobre las influencias recíprocas entre Kabuki y Bunraku, en particular a lo que se refiere a las obras joruri que son un género importante dentro del Kabuki, y se habló con detalle sobre sus relaciones con respecto a la dramaturgia, temas, sociedad de la época y carácter. Por Prof. Toshio KAWATAKE. Fuente: japonartesescenicas.org
Las películas de Toshirō Mifune En 1947 Mifune se sometió a una prueba para nuevos actores, pero no fue admitido.
No obstante, un director se fijó en él y lo recomendó a otro director, Senkichi Taniguchi, quien lo contrató para la que sería la primera película de Mifune, Shin Baka Jidai, que se rodó en ese mismo año.
A lo largo de su dilatada carrera, Mifune intervino en 16 películas de Akira Kurosawa, la mayoría de las cuales se convirtieron en clásicos del cine.
Dicen que ha inspirado "La Mer" de Debussy y "Der Berg"de Rilke -La ola turbulenta parece una torre por encima del espectador, mientras que la pequeña pirámide estable del Monte Fuji se encuentra en la distancia.
El castillo ambulante de Miyazaki, basado en la novela homónima de la autora británica Diana Wynne Jones. (Hauru no ugoku shiro) sigue la línea de otras producciones del Estudio Ghibli, como ‘El viaje de Chihiro’ que le valió un Oscar al ilustrador, o ‘Laputa: El castillo en el cielo’. Con ésta última tiene muchos puntos en común, pues se trata de un castillo que, en lugar de volar, esta vez, camina... según se gira una rueda de cuatro colores que hay en la puerta del castillo, al abrirla se encuentran en un lugar o en otro del mundo. ¿A quién no le gustaría hacer eso en su propia casa? La agilidad del castillo en sí, que es como un ser vivo más, las imágenes de semejante armatoste moviéndose por las montañas (en la parte baja del cartel), o su capacidad para transformarse por dentro y convertirse, en un momento concreto, en la casa donde vivía antes Sophie, son también conceptos geniales.
Hijo de padre angloirlandés y madre griega, LAFCADIO HEARN (1850-1904) llegó a Japón en 1890, donde, subyugado por el país (casó con una japonesa, fue profesor en la Universidad Imperial de Tokio y llegó a ser súbdito japonés, adoptando el nombre de Yakumo Koizumi), permaneció hasta su muerte, dedicado a la enseñanza y a la literatura. Su sensibilidad y empatía hacia el Imperio del Sol Naciente lo llevaron a ser uno de los primeros divulgadores de su mundo y sus tradiciones en Occidente. Publicada en 1904, poco antes de su fallecimiento, KWAIDAN es una recopilación de CUENTOS FANTÁSTICOS DEL JAPÓN, relacionados en su mayoría con el más allá, la reencarnación o el karma. Su última parte, de-dicada a algunos insectos (mariposas, mosquitos, hormigas) sintetiza con exquisita sensibilidad las supersticiones y creencias japonesas en torno a dichos animales, así como sus atribuciones culturales.



KWAIDAN: CUENTOS FANTASTICOS DEL JAPON


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