domingo 2 de noviembre de 2008

TERAPOÉTICA: El juego del vacío

Por Ana Mireles
El vacío provoca la mano. La mano despierta la piel. La piel desata un desfile de tejedoras que chocan unas con otras sus agujas iluminando el cielo con una ardor metálico. El cielo engendra monedas de agua que recrean rostros desconocidos
Los desconocidos ríen mientras predican un camino vedado a los árboles. Los árboles reclaman un corazón alucinado. El corazón repleta su boca y brinda por un nombre. El nombre peligra tiernamente sobre un saltamontes oscuro. El saltamontes retrocede sobre una cuerda. La cuerda se tensa y lanza una piedra. La piedra viaja hacia la luz. La luz presupone el vacío. El vacío provoca la mano...


Ilustrado con obra de Escher